Últimamente, la palabra “SIBO” parece estar en boca de todos: las redes llevan tiempo inundándose de fotos, vídeos, consejos y experiencias sobre este problema intestinal cuyo síntoma más llamativo y del que más se ha hablado son estas barrigas dignas de haberte tragado un globo. Solo hay que echar un vistazo a Google Trends para ver que las búsquedas relacionadas con SIBO se han disparado en los últimos meses. Dolores abdominales, gases o hinchazón son algunos de los síntomas, pero ¿qué es realmente el SIBO del que todos hablan?
¿Hay motivos para preocuparse o es simplemente un tema de moda? ¿Cómo podrías saber si tienes SIBO? Hoy en La Hiperactina hablamos del SIBO.
Antes que nada, este vídeo está patrocinado por la UOC. Todos los detalles sobre esta universidad 100% online y por qué me parece interesante los tendréis hacia el final del vídeo. Vamos al grano: ¿Qué es el SIBO?
Pues SIBO son las siglas en inglés para sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, y aunque ahora esté en boca de todos, no es nada nuevo. Probablemente hayas escuchado hablar sobre la "microbiota". La microbiota es ese conjunto de microorganismos (o sea, bacterias, virus, hongos y parásitos) que conviven de forma natural en algunas zonas de nuestro cuerpo.
Los tenemos en los pulmones, la piel, la vagina o, por supuesto, en el sistema digestivo (desde la boca hasta el ano). La cosa es que en los últimos años la microbiota ha ido ganando más relevancia, ya que cada vez comprendemos mejor lo vital que es para nuestra salud. Para que te hagas una idea, la microbiota sintetiza vitaminas que el cuerpo no es capaz de producir, ayuda a descomponer alimentos que nosotros no podemos digerir (como la fibra), fortalecen nuestro sistema inmunológico y actúan de barrera contra las infecciones.
Aunque tenemos microbiota por muchas zonas de nuestro cuerpo, la gran mayoría se encuentra en nuestro sistema digestivo. Por eso, cuando hablamos de microbiota, normalmente nos referimos a la microbiota intestinal. Y por si ya te lo estás oliendo, efectivamente, aquí es donde empieza a conectar con el SIBO.
Al contrario de lo que mucha gente cree, la microbiota intestinal no se distribuye de la misma forma a lo largo del intestino, sino que se concentra especialmente en el intestino grueso (o sea, en el colon). Vamos, que si tuvieras que buscar bacterias dento de nuestro cuerpo, el colon sería tu sitio. En contraposición, el intestino delgado tiene más bien pocas bacterias, y te voy a explicar por qué.
En su interior, los alimentos se mezclan con los jugos digestivos para absorber así sus nutrientes y poder aprovecharlos. Pero para que esta digestión tenga lugar, el intestino delgado necesita dos cosas: moverse constantemente para garantizar que los alimentos avanzan sin problema, y recibir un buen aporte de jugos digestivos para descomponer los alimentos. Son precisamente estas dos características, la motilidad intestinal y los jugos digestivos, las que limitan el crecimiento de bacterias en el intestino delgado.
Primero, porque gracias a la motilidad intestinal, los alimentos pasan tan “rápido” por el intestino delgado que no damos tiempo a que las bacterias puedan asentarse ahí y proliferar; y segundo, porque los jugos digestivos, como por ejemplo la bilis o el ácido gástrico, contienen propiedades antimicrobianas que impiden el crecimiento excesivo de bacterias. Ahora bien, si por algún motivo estos mecanismos fallan, las bacterias pueden comenzar a proliferar y dar lugar al SIBO. El SIBO es, por tanto, un aumento anormal de bacterias en el intestino delgado, y más concretamente de ciertos tipos de bacterias invasivas que no se encuentran de manera natural en esa parte del tubo digestivo.
Y ojo, esto es importante remarcarlo porque el aumento de bacterias como tal no siempre da lugar a problemas digestivos, sino que estos ocurren cuando ciertas bacterias, como la famosa Escherichia coli, comienzan a proliferar y a inflamar el intestino. Ahora bien, ¿qué es lo que causa este sobrecrecimiento? Pues el SIBO puede ocurrir por muchas cosas, pero vamos a ver las tres causas principales: puede ser que no produzcamos correctamente los jugos digestivos, que el intestino no pueda moverse correctamente, y que las bacterias del colon pasen al intestino delgado.
Quédate conmigo y lo vas a entender. Empecemos con los jugos digestivos. Hay muchas cosas que pueden hacer que una persona no pueda producirlos correctamente.
Tal vez hayan tenido que extirparle parte de su estómago, por ejemplo para eliminar un tumor, con lo que ese estómago reducido ya no producirá tanto ácido gástrico como antes. O tal vez esa persona lleva meses tomando medicamentos para la acidez como el Omeprazol. Aunque tengo que decir que este tema genera controversia, se ha sugerido que el uso prolongado de medicamentos como el Omeprazol, que se toman para aliviar la acidez estomacal, podría facilitar la aparición de SIBO.
Como estos medicamentos disminuyen el ácido estomacal para quitar la acidez, de alguna forma estamos alterando esa defensa natural del tracto digestivo para evitar la proliferación de bacterias. Aunque como os digo, esto es algo que está sujeto a debate, pero el mensaje está claro: don’t mess with the jugos digestivos. Bien, sigamos con el segundo punto: otra de las formas de favorecer la aparición de SIBO es que nuestro intestino no pueda moverse como es debido.
Si el intestino tiene problemas de motilidad, no puede desplazar bien los alimentos a través de él, lo que hace que estos se estanquen, y se cree un caldo de cultivo ideal para que crezcan bacterias. Es lo que ocurre con el desagüe de la ducha: si las tuberías se atascan y el flujo de agua se estanca, es más probable que crezcan bacterias en ese líquido. ¿Qué puede hacer que nuestro intestino se estanque?
Pues por ejemplo una cirugía abdominal, como el famoso bypass gástrico que se hace para perder peso. En un bypass, lo que te hacen es reducir el tamaño del estómago y conectarlo directamente a un tramo más adelantado del intestino para que sólo se utilice el 60% de este. El problema es que al hacer esto, podemos alterar el movimiento normal de los alimentos, dando lugar a un tránsito más lento y a un caldo de cultivo perfecto para las bacterias.
Además de las cirugías, también hay enfermedades que pueden alterar la motilidad del intestino, como la conocida enfermedad de Crohn, que hace que el intestino esté constantemente inflamado e irritado, o la enfermedad celíaca, cómo no, de la que hablamos en el último vídeo. Incluso ciertos medicamentos, como los opioides cuando se toman a largo plazo, pueden ser un factor de riesgo para el SIBO por cómo interfieren en la motilidad intestinal. Por último, además de los jugos digestivos y la motilidad intestinal que hemos visto, si tienes algún tipo de problema estructural en el intestino, puedes tener un mayor riesgo de padecer SIBO.
Un ejemplo serían las personas que tienen alterada la válvula ileocecal. Normalmente, esta válvula actúa como una compuerta entre el intestino delgado y el intestino grueso, que sirve para evitar que el material de uno pase al otro. Si esta válvula no funciona correctamente, las bacterias del colon podrían "ascender" hacia el intestino delgado y crecer ahí a sus anchas.
¿El resultado? Pues un bonito SIBO. Como puedes ver, hay muchas cosas diferentes que pueden conducir al SIBO.
Eso sí, sea cual sea el origen, las consecuencias son, sin lugar a dudas, muy molestas. El problema de estas bacterias invasivas que crecen de forma anormal en el intestino delgado es que producen enzimas y toxinas que dañan las células del intestino y que causan inflamación. Además, al digerir los alimentos, producen gases en exceso que pueden ser muy molestos.
En conjunto, todo esto da lugar a los típicos síntomas del SIBO, que son hinchazón, gases, dolor abdominal o diarrea. Pero la cosa no acaba ahí. Estas bacterias, al residir en el intestino delgado, también interfieren en la forma en que se absorben los nutrientes.
Por eso, en casos más prolongados y, debo decir, menos comunes, el SIBO puede llevar a que el cuerpo no absorba bien ciertos nutrientes, dando lugar a deficiencias nutricionales, como la falta de vitamina B12, o de hierro. Esto puede resultar en una pérdida de peso no deseada, ya que el cuerpo no está obteniendo lo que necesita de los alimentos que consumimos. A mí lo que me complicado de todo esto es que los síntomas del SIBO no son exclusivos del SIBO, sino que hablando síntomas muy genéricos, que también puede tener una persona con síndrome del colon irritable, o con intolerancia a la lactosa o con la enfermedad celíaca.
Entonces, te preguntarás, ¿cómo narices podemos saber que tenemos SIBO y no otra cosa? Pues aquí las cosas se complican un poco: no tenemos una prueba que nos dé un diagnóstico 100% seguro de que tenemos SIBO. Históricamente, el método tradicional ha sido hacer una endoscopia, que consiste en aspirar líquido del intestino delgado y así ver cuántas y qué bacterias hay.
Pero si te has hecho alguna vez una endoscopia, sabrás que no es coser y cantar: en realidad es un método bastante invasivo, además de lento y caro. Es por eso que, en la práctica, se prefiere usar el llamado test de aliento, una opción bastante menos invasiva. Funciona del siguiente modo: le damos a una persona un azúcar (como por ejemplo glucosa o lactulosa) que servirá como alimento para las bacterias.
Luego, durante unas tres horas más o menos, le hacemos soplar dentro de unos tubitos cada 20 o 30 minutos, para ir viendo qué gases va expulsando por su aliento. La idea es que, si hay SIBO, las bacterias comenzarán a fermentar rápidamente estos azúcares, produciendo gases como el hidrógeno o metano, que podremos detectar a través del aliento. Pero aquí viene la letra pequeña: este test no nos da un resultado de blanco o negro, es decir, no puede decirte con certeza si 100% tienes SIBO o 100% no tienes SIBO.
El motivo es que hay muchos factores que pueden influenciar en los resultados, como la dieta que sigas, o si estás tomando ciertos medicamentos, o si tienes diarrea, o incluso el tipo de bacterias que tengas. Por eso es tan importante que el test lo lleve un especialista que sepa interpretar bien los resultados teniendo en cuenta todos los factores que te he dicho y que pueden influir, para evitar diagnósticos erróneos. Entonces, ¿qué pasa si nos hacemos el test y nos confirman que tenemos SIBO?
Bueno, pues hablemos de tratamiento. Lo primero y fundamental es entender es que el SIBO no es una enfermedad en sí misma, sino que es más bien una señal, una consecuencia de otro problema de salud, como los que hemos visto al hablar de las causas del SIBO. Por eso, si sabemos cuál es la causa, lo lógico es que la tratemos primero.
No queremos simplemente atacar los síntomas del SIBO, sino llegar a la raíz del problema para evitar reincidencias. Dicho esto, para tratar el SIBO como tal, el tratamiento principal son los antibióticos, que nos ayudarán a eliminar esas bacterias en exceso que causan el SIBO. Ahora bien, es posible que hayas visto que, junto con los antibióticos, se recomienda llevar una dieta baja en carbohidratos durante el tratamiento, pero ¿por qué?
Pues la razón es simple: las bacterias del intestino fermentan de forma natural los carbohidratos que comemos, produciendo gases en el proceso. En alguien con SIBO, debido al exceso de bacterias, esta fermentación se intensifica, lo que resulta en más gases de lo normal y otros síntomas molestos como la hinchazón. En concreto, hay ciertos carbohidratos que las bacterias adoran: la fructosa, lactosa, oligosacáridos, disacáridos y monosacáridos.
En conjunto, estos se agrupan bajo el nombre de FODMAPs. Por lo tanto, si te han diagnosticado con SIBO, es posible que te recomienden seguir temporalmente una dieta baja en FODMAPs. Esta dieta busca aliviar los síntomas como hinchazón, los gases y el dolor abdominal.
No obstante, es crucial entender que la dieta baja en FODMAPs, por sí sola, no eliminará el SIBO. Se trata más bien de una herramienta para aliviar los síntomas, y limitar la proliferación en exceso de las bacterias. Por supuesto, sobra decir que es esencial seguir la dieta bajo la supervisión de un experto que nos aconseje y nos ayude a reintroducir gradualmente los alimentos.
Cuidado con autolimitarse ciertos alimentos sin saber si es lo que necesitas. Entonces, habiendo visto todo lo que hemos visto con el SIBO, ¿cuál es el problema que yo veo con todo esto? Pues antes de verlo, quiero agradecer a la UOC habernos patrocinado un vídeo más: de verdad, gracias por apoyar así mi divulgación.
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Ahora sí, sigamos con el vídeo. ¿Cuál es el problema que yo veo a todo esto? Pues que afecciones intestinales existen muchísimas, y por desgracia todas ellas comparten síntomas muy parecidos.
Por eso, que se hable tanto de temas como el SIBO en redes, tiene su parte positiva, porque se da difusión a un problema, genera conciencia y nos hace reflexionar sobre nuestros síntomas y sobre si necesitamos buscar ayuda. Pero también hay una parte negativa, en la que corremos el riesgo de que se dé información poco precisa y sobre todo de que la gente comience a autodiagnosticarse, a seguir una dieta baja en FODMAPs sin saber si es lo que realmente necesitan (y con el riesgo de privarse de nutrientes beneficiosos para una microbiota sana), o incluso realizándose las pruebas por su cuenta. Tan solo hace falta una rápida búsqueda en Google para ver que muchos sitios venden “tests de SIBO” para que te los hagas en casa.
Por eso, siempre insisto: antes de sacar conclusiones por nosotros mismos, consultemos a una persona especialista. Eso no significa que no debamos escuchar a nuestro cuerpo: saber reconocer cuándo las cosas no van bien siempre será el primer paso para buscar ayuda y mejorar. Recuerda que lo que has visto en este vídeo es una “fotografía” del conocimiento actual que se tiene sobre el SIBO, pero por supuesto hay temas que todavía son controversiales, que no están claros y que en general necesitan más investigación, así que esperemos entre todos que el conocimiento sobre el SIBO avance y mejore cada día más.
Espero de corazón que este vídeo te haya servido de algo, recuerda compartirlo si lo consideras útil y recuerda que todas las semanas subo contenido en formato corto en Instagram Reels, TikTok y YouTube Shorts, así que no olvides seguirme por las otras redes. Nada más, muchísimas gracias por estar ahí una vez más y ¡nos vemos a la próxima!